lunes, 30 de septiembre de 2013

Un oasis en pleno Shanghai



No son su especialidad los hoteles urbanos, pero la firma Banyan Tree ha bordado su última creación en Shanghai. Banyan Tree Shanghai on the Bund es un verdadero oasis en medio de una de las ciudades más bulliciosas y fascinantes del planeta.

Cumple con todos los requisitos para convertirse en un establecimiento de referencia en una región tan competitiva como ésta: la mayor parte de sus grandes ciudades se encuentran inmersas es un proceso de regeneración frenética para lograr disputarle a Nueva York la capitalidad mundial de los “skyline”.

-- Vistas: como no podía ser de otra forma, las tiene, y muy especiales, aportando una perspectiva diferente de las dos orillas del río Huangpu, la columna vertebral de la ciudad. Por un lado el glamuroso e iconográfico frente colonial de Shanghai y por el otro su futurista centro financiero.

-- Arquitectura: diseño conceptual al más puro estilo neoyorkino, todo cristal y ventanales para no perderse ni un solo detalle de esta ciudad, sorprendente y carismática. Y digo sorprendente, entre otras cosas, porque todavía hay gente que pasea en pijama por sus calles a pesar de que las autoridades locales lo han prohibido expresamente. Me encanta.

-- Spa: si algo cuida en exceso la cadena Banyan Tree es su spa. Una experiencia sensorial en toda regla. Tratamientos basados en la sabiduría tradicional china, el Ying y el Yang, y con materias primas tan autóctonas como la soja, el ginseng, el té Longjing o el crisantemo.

-- Gastronomía: tres espacios muy diferentes para disfrutar de una gastronomía altamente sugerente. Desde la más tradicional cocina cantonesa, pasando por las más atrevidas vanguardias tokiotas hasta las combinaciones más trendy de la cocina internacional de fusión, sin faltar el toque mediterráneo en su restaurante Oceans.

-- Servicio: discreto y pendiente de cada uno de los detalles. La calidad de un hotel siempre se medirá por la atenta mirada de todas las personas que trabajan en él. El factor humano es determinante y debería haberlo puesto en primer lugar. Mil disculpas.

-- Glamour a raudales: es decir, esa mezcla liviana entre lo imprescindible y lo puramente prescindible, por artificioso e innecesario. Tiene una terraza exterior de vértigo, TOPS, para disfrutar de los mejores atardeceres, gin-tonic en mano, y un interiorismo que enamora hasta a las piedras. 

Le faltan historia y visitantes ilustres, como estrellas de cine, pero ya hemos dicho que es un hotel de nueva apertura. Nos volveremos a ver aquí dentro de unos años. 




  (Fotos cortesía del hotel)




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