lunes, 7 de octubre de 2013

Parques Nacionales para perderse en otoño: Yosemite, el sueño californiano hecho naturaleza



Es cierto que en otoño Yosemite pierde uno de sus mayores atractivos, sus prístinas cascadas y saltos de agua. Desaparecen para dar paso al duro y extremadamente bello invierno en la montaña. Pero gana en colorido, en paz y en serenidad. Las masas de visitantes desaparecen por arte de magia, los animales se dejan ver con más facilidad y los demás atractivos del parque permanecen intactos.

Los bosques de secuoyas gigantes son igual de bellos, o quizás más, durante esta estación. Es también la última oportunidad del año para ver esta maravilla natural antes de quedar aislada por el manto blanco del invierno. Si lo tuyo es la fantasía y vivir en un cuento de hadas tu lugar es Mariposa Grove.

El Valle de Yosemite y las praderas Wawona, dos de los lugares más visitados del parque, son una explosión de colores durante el otoño. Pateárselos en bicicleta en esta época del año es un verdadero placer.

Pero los más bellos en otoño son los lagos de Yosemite: Tenaya, May, Elisabeth. Impresionantes e inolvidables.

Para los que no habéis estado aquí, Yosemite es el decano de los parques nacionales de Estados Unidos. Se encuentra a unos 350 kilómetros de San Francisco y es visitado anualmente por algo más de 3 millones de personas. Su punto más elevado alcanza los 4.000 metros de altitud. El parque se extiende a través de las laderas orientales de la cadena montañosa de Sierra Nevada. Fue declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO en 1984.

Por cierto, no os olvidéis de dormir en una cabaña, así la experiencia será inolvidable.





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