domingo, 3 de noviembre de 2013

Pingyao: la ciudad amurallada mejor conservada de China



Por Tomás Zapata

Nadie lo diría, pero esta ciudad fue el centro financiero y de negocios más importante de China durante la dinastía Qing. Sus viejas e imponentes murallas protegían entonces las mayores fortunas del país. Hoy esas mismas murallas siguen custodiando un gran tesoro, de valor incalculable y de una riqueza casi prodigiosa: la ciudad antigua de Pingyao (平遥), declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad  por la UNESCO en el año 1997. 

Falta todavía mucho para que este prodigio urbanístico se convierta en algo parecido a la Kioto china: recuperar por completo su castigado patrimonio de palacios, templos y edificios civiles, y erradicar una de sus grandes y endémicas enfermedades, la contaminación.

Sus vecinos ya libraron una cruenta y heroica batalla en la década de los 80 con el fin de ahuyentar a los especuladores inmobiliarios y preservar intacto su patrimonio histórico. Gracias a esta proeza Pingyao se jacta hoy día de ser la ciudad amurallada mejor conservada del norte de China.

Es una obviedad, pero había que decirlo: viajar hasta aquí es retroceder en el tiempo. Pingyao es una recreación casi perfecta del romanticismo occidental sobre cómo debería ser una ciudad china: una maraña de callejones y callejuelas estrechas, flanqueadas por casitas bajas, con tejados apuntando directamente al cielo. 

Pasear y perderse en sus calles es un placer del que nadie debería privarse durante un viaje a China. 

Pingyao se encuentra a medio camino entre Pekín y Xian. La mejor forma de viajar hasta aquí es en tren nocturno desde Pekín, o bien en tren rápido hasta Taiyuan, la capital provincial (Shanxi), y luego en coche o autobús hasta Pingyao.

Desde que fuera declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad, en Pingyao no han cesado de proliferar alojamientos con encanto, muchos de ellos ubicados en antiguos palacios y casonas de arquitectura tradicional.

Un momento mágico para viajar aquí, a pesar del intenso frío, es durante la Fiesta de la Primavera (Año Nuevo Lunar chino), que cae entre febrero y marzo, dependiendo del calendario lunar. La ciudad se engalana como nunca y sus vecinos viven con auténtica devoción la gran fiesta del universo chino.

China muy pronto en Sentir y Viajar.







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