jueves, 12 de junio de 2014

La Familia China según Zhang Xiaogang



Por Tomás Zapata

Recordaré siempre la primera vez que me enfrenté a un cuadro de Zhang Xiaogang. Fue en el año 1999 en una galería de Pekín. Su visión particular sobre la familia china me dejó totalmente fascinado. Sus trazos transmitían ternura y frialdad, inquietud y serenidad. Definían a una familia de carácter plano, construida al unísono, en serie, debido quizás a las circunstancias sociopolíticas del momento. Aparentemente iguales, sin expresividad, sin emociones, presos de su pasado, posando de manera artificiosa, retratados en su mayor parte en blanco y negro, con pequeños destellos de luz y color. Cuadros de una belleza inusual, casi rota.

Hay un hecho en la vida de Zhang Xiaogang que va a influir poderosamente en toda su obra: la separación forzosa de su familia cuando tan solo era un niño. Pasó la mayor parte de su adolescencia refugiado en la pintura, algo que sus padres le habían inculcado desde pequeño. En una ocasión Zhang comentó a un periodista del New York Times que su madre le había enseñado a dibujar para que estuviera siempre entretenido y se mantuviera alejado de los problemas.

Tras una serie de experiencias que marcarían su vida para siempre, desde estar confinado en el campo para aprender las labores de los agricultores hasta viajar por Europa para visitar los más prestigiosos museos y galerías de arte, Zhang regresó a mediados de la década de 1990 a la casa de sus padres y allí encontró una caja con viejas fotografías de su familia, que se convertirían pronto en inagotable fuente de inspiración para la que sería la etapa más prolífica de su carrera: su impactante y hermosa serie “Bloodline: the Big Family”.

Zhang comenzó entonces a “retratar” de forma casi compulsiva su versión particular sobre la familia china: la familia revolucionaria, la familia estándar impuesta por la política del hijo único, familias sin hijos, separadas. Todas allí presentes y todas ellas con un elemento en común: la ausencia de individualismo, transmitiendo la idea de que todos somos iguales en una sociedad idealizada. 

Sin embargo un sutil signo distintivo, presente de forma recurrente en todos sus retratos, hará únicos e irrepetibles a los miembros de esta gran familia china: la marca de nacimiento impresa en sus inexpresivos y estilizados rostros, símbolo del carácter personal e imborrable de cada individuo. 

Otro elemento que se repite en esta serie son los poderosísimos trazos del Hilo Rojo, simbolizando el vínculo de unión entre todos ellos. El Hilo Rojo es una leyenda anónima que cuenta cómo entre dos o más personas destinadas a tener un lazo afectivo existe una línea roja, invisible e indivisible, que les acompaña para siempre.

Zhang Xiaogang nació en Kunming, capital de la provincia china de Yunnan, en el año 1958. Se graduó en 1982 en la Escuela de Bellas Artes de Chongqing. Muy pronto se convertiría en el líder indiscutible de la emergente corriente artística de Sichuan. En la actualidad es uno de las personas más influyentes del arte contemporáneo mundial. Sus obras, presentes en numerosos museos occidentales, han batido todos los récords de recaudación de un artista asiático en vida en las más prestigiosas subastas internacionales de arte contemporáneo.




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