martes, 19 de noviembre de 2013

Hoteles con carácter: Ananda in the Himalayas, una experiencia vital de difícil superación



En su día fue la residencia del Marajá de Tehri-Garhwal. Hoy es un hotel de lujo dedicado casi en exclusiva a difundir viejas sabidurías hindúes como el Yoga o el Ayurveda. Un viaje extraordinario hacia el interior de uno mismo para descubrir nuestro yo más más íntimo y conseguir la unión perfecta entre cuerpo, alma y mente.

La ubicación no podía ser mejor, en las estribaciones del Himalaya, con unas vistas extraordinarias sobre el mítico río Ganges. El hotel se encuentra muy cerca de la pequeña localidad de Rishikesh, la capital mundial del yoga, de la ciudad santa de Haridwar, conocida también como la puerta del Ganges, y de varios parques nacionales, lo que nos permitirá además descubrir lugares muy interesantes.

La decoración del hotel es suntuosa en los espacios comunes y minimalista en las habitaciones, con un toque muy especial respetando en todo momento la naturaleza espiritual del lugar. Aquí se congregan anualmente maestros y aprendices de todo el mundo dispuestos siempre a compartir con los demás sus conocimientos sobre el yoga.

De entre todas las instalaciones del hotel destaca el spa: un lugar extraordinario donde recibir tratamientos de belleza personalizados, integrando de forma casi perfecta la sabiduría tradicional Ayurveda con los enfoques occidentales más contemporáneos.

La ciencia del Ayurveda considera que el cuerpo produce ciertas toxinas que hay que eliminar con regularidad.  La piel es el mayor órgano del ser humano y nos ayuda a deshacernos de dichas toxinas e impurezas. El Ayurveda trata precisamente de este proceso de desintoxicación,  limpieza y regeneración del cuerpo humano.

Este hotel, Ananda in the Himalayas, que cuenta con 70 habitaciones de lujo y 5 suites, todas ellas con vistas al Ganges, a Rishikesh o al Palacio, es un lugar idóneo para desconectar. Un lugar imprescindible en un viaje hacia la búsqueda de la antigua sabiduría India.










domingo, 3 de noviembre de 2013

Pingyao: la ciudad amurallada mejor conservada de China



Por Tomás Zapata

Nadie lo diría, pero esta ciudad fue el centro financiero y de negocios más importante de China durante la dinastía Qing. Sus viejas e imponentes murallas protegían entonces las mayores fortunas del país. Hoy esas mismas murallas siguen custodiando un gran tesoro, de valor incalculable y de una riqueza casi prodigiosa: la ciudad antigua de Pingyao (平遥), declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad  por la UNESCO en el año 1997. 

Falta todavía mucho para que este prodigio urbanístico se convierta en algo parecido a la Kioto china: recuperar por completo su castigado patrimonio de palacios, templos y edificios civiles, y erradicar una de sus grandes y endémicas enfermedades, la contaminación.

Sus vecinos ya libraron una cruenta y heroica batalla en la década de los 80 con el fin de ahuyentar a los especuladores inmobiliarios y preservar intacto su patrimonio histórico. Gracias a esta proeza Pingyao se jacta hoy día de ser la ciudad amurallada mejor conservada del norte de China.

Es una obviedad, pero había que decirlo: viajar hasta aquí es retroceder en el tiempo. Pingyao es una recreación casi perfecta del romanticismo occidental sobre cómo debería ser una ciudad china: una maraña de callejones y callejuelas estrechas, flanqueadas por casitas bajas, con tejados apuntando directamente al cielo. 

Pasear y perderse en sus calles es un placer del que nadie debería privarse durante un viaje a China. 

Pingyao se encuentra a medio camino entre Pekín y Xian. La mejor forma de viajar hasta aquí es en tren nocturno desde Pekín, o bien en tren rápido hasta Taiyuan, la capital provincial (Shanxi), y luego en coche o autobús hasta Pingyao.

Desde que fuera declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad, en Pingyao no han cesado de proliferar alojamientos con encanto, muchos de ellos ubicados en antiguos palacios y casonas de arquitectura tradicional.

Un momento mágico para viajar aquí, a pesar del intenso frío, es durante la Fiesta de la Primavera (Año Nuevo Lunar chino), que cae entre febrero y marzo, dependiendo del calendario lunar. La ciudad se engalana como nunca y sus vecinos viven con auténtica devoción la gran fiesta del universo chino.

China muy pronto en Sentir y Viajar.